| Revolución en los Muros.Los vaivenes de un caso polémico: los murales del Bingo 21 de
Avellaneda
Estos murales realizados por Berni
en 1950 fueron objeto de discusión, al haber sido atribuidos a otro grande de la pintura
argentina: Juan Carlos Castagnino.
La necesidad de preservar el patrimonio cultural llevó al Estado a
intervenir recientemente en dos casos de propiedad privada. Así, mientras la Secretaría
de Cultura de la ciudad de Buenos Aires evaluaba el estado del mural ubicado en el Teatro
IFT (realizados en 1952), la Subsecretaría de Cultura de la Nación comenzaba a
preocuparse por los murales del Bingo 21 de Avellaneda (que datan de 1950) estudiando la
posibilidad de declararlos monumento histórico. En ambos casos el autor fue el pintor
rosarino Antonio Berni.
Sin embargo, respecto a los murales de Avellaneda habían surgido
polémicas dudas, que finalmente se disiparon cuando la Academia de Bellas Artes
dictaminó que los murales fueron realizados efectivamente por Berni. Recordemos el caso.
El lugar. Las diversas hipótesis y opiniones.
Los murales ubicados en el hall del piso superior del edificio donde
actualmente funciona el Bingo 21 de Avellaneda, pintados en 1950 (por entonces, el cine
San Martín), están conformados por: -dos murales pequeños monocromáticos, situados en
dos nichos laterales, que ostentan la firma de Berni; -dos amplios murales, cromáticos,
sin firmas, objeto de la polémica sobre su autoría. En realidad, la cuestión se inició
cuando el señor Pinasco de la galería Zurbarán los atribuyó a Juan Carlos Castagnino.
A partir de allí y entre las voces de diversos testigos -como los descendientes de los
pintores involucrados y de sus discípulos- se encomendó a expertos iniciar los peritajes
correspondientes. Así, las opiniones estaban divididas entre quienes consideraban que la
obra fue realizada por ambos pintores y los que sostenían que corresponde en su totalidad
a Berni.
El lugar. Las diversas hipótesis y opiniones
Los murales ubicados en el hall del piso superior del edificio
donde actualmente funciona el Bingo 21 de Avellaneda, pintados en 1950 (por entonces, el
cine San Martín), están conformados por:
-dos murales pequeños monocromáticos, situados en dos nichos laterales,
que ostentan la firma de Berni;
-dos amplios murales, cromáticos, sin firmas, objeto de la polémica
sobre su autoría.
En realidad, la cuestión se inició cuando el señor Pinasco de la
galería Zurbarán los atribuyó a Castagnino. A partir de allí y entre las voces de
diversos testigos -como los descendientes de los pintores involucrados y de sus
discípulos- se encomendó a expertos iniciar los peritajes correspondientes. Por el
momento, las opiniones están divididas entre quienes consideran que la obra fue realizada
por ambos pintores y los que sostienen que corresponde en su totalidad a Berni.
Entre los primeros, el profesor Héctor Schenone de la Academia Nacional
de Bellas Artes sostuvo como hipótesis que ambos artistas habrían intervenido en la
realización del mural, debido a la falta de ilación en la composición, que evidencia el
trabajo de dos manos.
Entre los segundos, se halla el director del Museo Nacional de Bellas
Artes, Jorge Glusberg. En el texto-catálogo de la retrospectiva del artista efectuada en
el museo (1997) se afirma que el arquitecto Aslan había encargado los murales a Berni.
El proceso de autentificación
Al respecto, ha sido consultado el profesor y crítico de arte Jorge
López Anaya. Sintéticamente, este proceso consta de tres pasos fundamentales:
-documental
-empírico
-científico
La primera etapa consiste en el rastreo y análisis de todo tipo de
documentos escritos, cartas, apuntes, artículos periodísticos, publicaciones, material
de archivo. El segundo atañe al estudio de las pinturas, su estilo, maneras de pintar del
artista, técnica, comparaciones, etc, a cargo de especialistas en la materia. El tercero,
se refiere a la investigación de los materiales, repintes, etc.
Berni, Castagnino y el muralismo en los años 40-50
La pintura mural cobró un gran impulso en el siglo XX a través de los
muralistas mexicanos que produjeron el mayor arte público popular y revolucionario, al
asignarle al muralismo una función social. Es conocida su amplia influencia mundial, que
también se hizo sentir en nuestro país especialmente entre los artistas del Nuevo
Realismo fundado por Berni. De allí que el viaje de Siqueiros por Argentina en 1933
estimulara la labor de Berni, llegando a colaborar con el mexicano en la realización de
un mural experimental, "Ejercicio Plástico", encargado por el editor Botana
para su quinta en Don Torcuato. A pesar de que Berni reconoció la imposibilidad de
desarrollar en nuestro país una experiencia semejante a la mexicana, fundó el Taller de
Arte Mural en 1944 y fomentó durante los años 40-50 la práctica del mural, como así
también la gran composición mediante una plástica contemporánea, vehículo de un
mensaje de intención social, siempre en función de la propia realidad nacional. Además,
hacia esos años en arquitectura la fase racionalista del movimiento moderno, dominante
por entonces, impulsó lo que sería una de sus notas características: la unión entre la
plástica y la arquitectura a través justamente del muralismo. De ahí que el estudio
Aslan y Ezcurra encargara la decoración de sus galerías a conocidos artistas, como el
caso de las Galerías Pacífico (1945) -en la que pintaron Berni, Spilimbergo, Castagnino,
Urruchúa y el español Colmeiro-, las Galerías Santa Fe (1954) y otras más en el barrio
porteño de Belgrano.
Berni durante 1950 (el año en que pintó los murales de Avellaneda)
hacía su envío al Salón Nacional, exponía en la galería Lyon y en la muestra del
Salón Kraft; en esta última, organizada por Amigos del Libro, participó junto a
Castagnino, Urruchúa, Spilimbergo y otros artistas.
Tiempo después, en 1957, se inauguraba su exposición "Motivos de
Avellaneda" en un espacio de esa misma ciudad. |